viernes, septiembre 22, 2017
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Ecuador altivo y soberano: el legado de Rafael Correa Delgado

Resulta muy difícil resumir en unas pocas líneas un proceso histórico tan complejo e integral como el que hemos vivido en Ecuador. Los frutos que hoy se evalúan como inéditos en la región son producto de una transformación política radical que el pueblo ha labrado y cultivado desde las simientes, con el liderazgo infatigable del compañero Rafael Correa, que no ha dormido como se debe desde hace más de diez años, que ha recorrido el país como nunca antes ningún presidente, que ha posicionado el nombre del Ecuador en un pedestal internacional inédito en nuestra historia, y que deja como legado para las futuras generaciones nada menos que una Patria altiva y soberana.

Hace diez años, su voz clara y firme fue la voz de todo un pueblo que reclamaba y exigía la soberanía como derecho político inalienable. Y ese es tal vez el legado más importante de esta Revolución, porque así como las soberanías se diluían, también lo hacía el país.
El verbo recuperar fue la primera prioridad. Recuperamos el control de la base militar extranjera que se había injertado en el sagrado suelo de Manta, recuperamos la capacidad de planificación del Estado, recuperamos la capacidad de hacer inversión pública, recuperamos los legados de Alfaro, recuperamos la soberanía en el manejo de nuestra economía que dejó de obedecer a las necesidades del Banco Mundial para ponerse al servicio de la ciudadanía, recuperamos la soberanía de nuestros recursos naturales y renegociamos todos los contratos petroleros que ofendían los intereses del país, denunciamos los tramos de deuda externa que tuvieron orígenes ilegítimos o manejos de intereses reñidos con la ética y nos negamos a pagar esas cuotas extorsivas antes que la enorme deuda social que se acumuló por años en el país, así como en casi toda Latinoamérica. La soberanía geográfica, la soberanía alimentaria, la soberanía en el manejo de la política internacional, todas las soberanías tuvieron primero que recuperarse.

Y en ese despertar por supuesto que se levanta y se engrandece el sueño de la Patria Grande, con UNASUR y su sede en Ecuador y toda la región unida en unos años de intenso ejercicio de autodeterminación, que nos colocó ante el mundo como un actor político de importancia global e indispensable en el diálogo. Este legado de soberanía es la mayor amenaza para el eje del Norte y por eso es su principal objetivo político.

La democracia participativa y consolidada es otro legado innegable. Venimos de un proceso donde los presidentes duraban en promedio año y medio, donde las instituciones eran débiles o inexistentes y donde todo el espectro de lo público estaba captado por una élite económica que mantenía un staus quo fracturado entre la opulencia de unos pocos y la pobreza extendida de las grandes mayorías. Esta Revolución en Democracia, que ha sido ratificada más de diez veces en las urnas a lo largo de estos años, se caracteriza por un sostenido proceso de redistribución de la riqueza nacional y ha fundamentado su accionar en la construcción de una democracia que se extiende hacia la igualdad de derechos, igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades. Se consolida la democracia cuando casi dos millones de ecuatorianos salen de los niveles estadísticos de pobreza, cuando más del 25% de los estudiantes universitarios son los primeros en su familia en acceder a estudios superiores y cuando tenemos un nueva generación de todos los colores y las diversidades, que ha crecido en pleno ejercicio de sus derechos y que no está dispuesta a negociarlos. Esa generación que camina hacia la sociedad de la equidad y el conocimiento es uno de los más preciados legados de esta década.

Como lo es también la conciencia de identidad y pertenencia que se suma a los derechos de todas las poblaciones y colectivos que acceden a tratos equitativos o de reparación de derechos. Son una realidad el respeto y el fomento de los idiomas kichwa y shuar así como de los derechos colectivos de pueblos y nacionalidades, el reconocimiento a la presencia centenaria de los pueblos montubios y afros, la presencia pública de la interculturalidad, la política solidaria con las personas con discapacidad, los derechos políticos de los migrantes, los derechos democráticos de los jóvenes desde los 16 años, los derechos laborales de las trabajadoras del hogar, la presencia de mujeres en altos cargos de decisión política, como por ejemplo en la Presidencia y las dos Vicepresidencias de la Asamblea Nacional en este período, todos estos, testimonio de conquistas políticas impensables antes de esta Revolución.

Además, el ECU 9-1-1, la mejor red vial de la región, el mayor desarrollo regional en energía y conectividad, la mayor inversión en nuestra historia en las áreas de educación, salud y seguridad integral, el fomento de las capacidades productivas, de la productividad sistémica, de la economía popular y solidaria, y un desempeño que ha duplicado el tamaño de nuestra economía en estos diez años, a pesar de las crisis externas que afectaron a toda la región, y con la complejidad añadida de un sistema dolarizado.

El legado es, en suma, una Patria soberana y altiva, que declara ante el mundo la supremacía de los Estados nacionales por encima de los mercados globalizados, y la supremacía absoluta del ser humano por encima del capital.

El futuro existe y no es una repetición de los siglos pasados, sino un territorio de ejercicio de derechos y escenario de nuevas rupturas políticas, y sólo ese legado es ya inconmensurable.

Solo podemos decir, por estos diez años y por toda una vida, gracias mashi Rafael.
No te defraudaremos, porque es el pueblo quien nos guía y es tu estatura ante la historia la que nos impulsa a ser mejores cada día.

Fuente: Telesur

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